{"id":159,"date":"2023-11-19T00:00:21","date_gmt":"2023-11-18T22:00:21","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.aldoediciones.es\/?p=159"},"modified":"2025-03-13T09:14:29","modified_gmt":"2025-03-13T08:14:29","slug":"creo-que-voy-a-rendirme","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=159","title":{"rendered":"Creo que voy a rendirme."},"content":{"rendered":"<p><strong>CREO QUE VOY A RENDIRME.<\/strong> Una historia real sobre la crueldad de un hombre<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Relatar\u00e9 un encuentro. Lo reflejar\u00e9 en los p\u00e1rrafos que siguen. Un c\u00famulo de sentimientos vividos por dos personas que afrontaron un periodo de tiempo juntos.<\/em><\/p>\n<p><em>Es una parte intrincada de la vida de Ana y su postrer encuentro con Pedro.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Es tambi\u00e9n parte, importante desde luego, de un hombre solitario, Pedro, que tuvo la gran suerte de encontrar a Ana y vivir a su lado unos intensos momentos.<\/em><\/p>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ana era una mujer menuda, optimista, entusiasta, inteligente, cari\u00f1osa, amante de las artes, y muy atractiva, guapa. Con una mirada que no hab\u00eda hombre sostuviera la propia si ella lo miraba. Era dulce, con una voz penetrante y modulada, jovial y alegre.<br \/>\nJunto a sus padres y hermanos vivi\u00f3 en un pa\u00eds americano, tuvo una infancia completa, satisfactoria, no as\u00ed su juventud. Avatares que no vienen al caso, la llevaron a una gran ciudad como Madrid, donde no tuvo m\u00e1s remedio que adaptarse, aunque echara de menos su placentera y activa vida en Am\u00e9rica. Mientras, sus hermanos, por ser mayores, se prepararon para actualizar sus vidas, Ana al ser la menor y debido a persistentes costumbres familiares, qued\u00f3 relegada y no pudo realizar ni finalizar cuanto so\u00f1\u00f3.<br \/>\nSu vida comenz\u00f3 a truncarse en Octubre de 1970. Entonces ten\u00eda 16 a\u00f1os. Por aquellas fechas lleg\u00f3 de viaje una amiga de Argentina. Ana como hac\u00eda poco tiempo que se estableci\u00f3 en el pa\u00eds apenas conoc\u00eda a gente, sus contactos se limitaban a la familia, concretamente a sus hermanos. Necesitaba a alguien, no solo para acompa\u00f1ar a su amiga, sino tambi\u00e9n para llevar a ambas a lugares donde divertirse. Ella, como extranjera, desconoc\u00eda cuanto la rodeaba. Llam\u00f3 a su hermano pidiendo ayuda y \u00e9ste a uno de sus amigos, al que se uni\u00f3 un amplio grupo de gente.<br \/>\nEl grupo lo compusieron cuatro mujeres y cuatro hombres y dentro de \u00e9l se encontraba Miguel. A partir de ese primer momento, las reuniones se multiplicaron. Hubo quien se emparej\u00f3. Comenzaron a salir juntos los ocho y as\u00ed se mantuvieron durante cuatro a\u00f1os, durante los cuales las parejas que lograron hacerse terminaron por romper, excepto Ana y Miguel que decidieron casarse en 1974. Mientras tanto, ella contin\u00fao prepar\u00e1ndose, deseaba terminar su carrera de ballet cl\u00e1sico.<br \/>\nEl matrimonio se manten\u00eda debidamente, \u00e9l aportaba el resultado de su trabajo como decorador y Ana impart\u00eda clases de ballet en la escuela de su propio profesor, pag\u00e1ndose las suyas con el fin de finalizar su carrera. Sin embargo, a los seis meses de estar casados, Miguel fue despedido de su trabajo y Ana no tuvo m\u00e1s remedio que soportar todos los gastos para mantener el hogar.<br \/>\nEs el comienzo de su toma de decisiones. Se plantea un importante dilema: Mantener los gastos del hogar conyugal o continuar y acabar su carrera de ballet cl\u00e1sico. Ana es una mujer que inicia una etapa, luchar y sufrir en silencio asumiendo sus responsabilidades como esposa. Con lo que gana impartiendo clases de ballet por horas decide sostener el hogar y abandonar su carrera. Miguel no se esfuerza demasiado en encontrar un nuevo trabajo y solo como consecuencia de comentarios de Ana con una de sus amigas, logra encontrar un nuevo empleo, tras seis meses de espera, en una importante firma de decoraci\u00f3n de la ciudad.<br \/>\nLa vida continua, la matrimonial naturalmente, la privada de Ana se presenta anulada, limitada \u00fanica y exclusivamente a ser esposa, pues su gran sue\u00f1o, aquel para el que cre\u00eda estar destinada se trunca, solo ser\u00e1 bailarina al recordar los ensayos y algunas actuaciones realizadas cuando era m\u00e1s joven. Jam\u00e1s podr\u00e1 alcanzar el \u00e9xito y en su fuero interno siente una profunda frustraci\u00f3n. A veces trata de enga\u00f1arse pensando que el sacrificio merece la pena, pues ha puesto los cimientos para crear una familia, y eso sin duda alguna es suficiente y satisfactorio.<br \/>\nFruto de esa nueva vida y tres a\u00f1os despu\u00e9s de su matrimonio, en 1977, nace su primera hija, \u00c1ngela, un encanto de criatura. Ana se siente realizada, completa, llena. Sin embargo, los sinsabores contin\u00faan. Miguel no gana lo suficiente para mantener a la familia., Con lo que obtiene apenas llegan a fin de mes y de nuevo se plantea otra decisi\u00f3n. Los \u00faltimos dos meses de embarazo debe abandonar el estudio donde imparte clases y del que recibe un sueldo. Con el nacimiento de \u00c1ngela y no teniendo a nadie a quien confiar su cuidado, no tiene m\u00e1s remedio que eliminar todo intento de continuar impartiendo clases de ballet, por lo que busca la forma de conseguir algo de dinero. El cuidado de la ni\u00f1a y el mantenimiento del hogar lo necesitan.<br \/>\nHabla con su hermana quien la cede un piso vac\u00edo donde instala y monta un peque\u00f1o estudio para reiniciar las clases con algunas alumnas que la siguen y otras nuevas que se dan de alta. De esa manera aporta algo m\u00e1s para el sostenimiento del hogar. No obstante. comienza a sentir el resultado de sus esfuerzos. El cuidado de la ni\u00f1a, realizar las labores de la casa, atender a su marido, es demasiado. Sigue pensando que merece la pena, no se queja y cuanto la sucede, cuanto ocurre en su cuerpo y mente, queda encerrado, no le da salida.<br \/>\nAlgo llama su atenci\u00f3n desde hace una temporada, pero no le da importancia, al menos la debida. En realidad, no se atreve a plantearlo a su marido. La relaci\u00f3n con Miguel se ve empa\u00f1ada con el descubrimiento de algo que no encaja ni en su matrimonio, ni en su relaci\u00f3n de pareja. Observa con profundo dolor como con demasiada frecuencia, compra revistas en las que aparecen hombres desnudos. No lo entiende, no puede comprenderlo y a\u00fan menos asimilarlo. Despu\u00e9s de muchos requerimientos, \u00e9l acepta contarla unos hechos ocurridos antes de conocerse en 1970.<br \/>\n\u00ab<em>Ver\u00e1s<\/em>, comenz\u00f3 a decirle. <em>En casa viv\u00eda con nosotros un t\u00edo, hermano de mi padre. Una ma\u00f1ana, aprovechando que nos quedamos solos, mi madre dijo salir para efectuar unas compras, mi t\u00edo reclam\u00f3 mi presencia en su habitaci\u00f3n, yo acept\u00e9, y despu\u00e9s de acariciarme y besarme comenzamos a, bueno supongo que puedo omitirlo. El caso es que no advertimos su regreso y comenz\u00f3 a llamarme, seg\u00fan dijo, hasta que me encontr\u00f3 subi\u00e9ndome los pantalones y a mi t\u00edo acalorado y aparentemente avergonzado.<br \/>\n<\/em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>A partir de ese momento mi madre intent\u00f3 separarme de la presencia de mi t\u00edo, y puso todos los medios a su alcance para enviarme a San Sebasti\u00e1n, a casa de otros t\u00edos que viv\u00edan all\u00ed, quer\u00eda separarme de esa incipiente relaci\u00f3n con mi t\u00edo de Madrid. Mi padre nunca supo la raz\u00f3n, se la ocult\u00f3 mi madre, pero accedi\u00f3 a mi salida, siempre crey\u00f3 se trataba de pasar el verano. Cuando acab\u00f3 la temporada y empez\u00f3 el curso dej\u00e9 de estudiar Aparejadores, llevaba dos a\u00f1os haci\u00e9ndolo, pero nunca logr\u00e9 acabar el primer curso, por eso me cambi\u00e9 a una Escuela de Decoraci\u00f3n.<br \/>\n<\/em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Fue all\u00ed donde conoc\u00ed a un compa\u00f1ero llamado Albert, con las mismas tendencias homosexuales que yo. Tuvimos relaciones durante mucho tiempo, pero nadie lo advirti\u00f3, bueno en realidad no lo s\u00e9 con exactitud, lo cierto es que casi todos cre\u00edan que \u00e9ramos buenos amigos. Adem\u00e1s, haber puesto a la luz nuestra tendencia sexual, dada la \u00e9poca, habr\u00eda sido dif\u00edcil sobreponerse a los comentarios, adem\u00e1s de los problemas que me habr\u00edan acarreado\u00bb.<br \/>\n<\/em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Cuando acab\u00f3 su historia, Ana qued\u00f3 estupefacta, no llegaba a creerlo, su mente comenz\u00f3 a rechazarlo, a creerse y sentirse una especia de s\u00faper mujer que todo lo puede. Pretend\u00eda que aquella situaci\u00f3n pudriera revertirse. Ella era guapa, atractiva, hab\u00eda conseguido tener una hija con Miguel, tal vez con esfuerzo, conseguir\u00eda que su homosexualidad fuera eliminada y regresar\u00eda a la realidad que en una in\u00fatil enso\u00f1aci\u00f3n conseguir\u00eda adaptarse a cualquier matrimonio heterosexual.<br \/>\nLo grave de todo aquello fue descubrir la crueldad demostrada por la familia de su marido. Ni la madre, t\u00eda, o primos, conocedores de la tendencia y sobre todo de la situaci\u00f3n de falsedad mantenida, tuvieron la m\u00ednima intenci\u00f3n de advertirla. De acuerdo que ser homosexual en aquellos a\u00f1os era tanto como una aberraci\u00f3n, pero de ah\u00ed a ocult\u00e1rselo, evitando que Ana hubiera conocido la verdad antes de casarse con \u00e9l, la produjo tal estupor, tal sensaci\u00f3n de haber sido objeto de una conspiraci\u00f3n y manipulaci\u00f3n, que durante d\u00edas sus sentimientos solo pudieron arroparse con el cari\u00f1o de su hija.<br \/>\nEn ocasiones, pese a que \u00c1ngela no pod\u00eda escucharla, la hablaba, conversaba con ella, pidi\u00e9ndola consejo. \u00bfQu\u00e9 debo hacer hija? \u00bfQu\u00e9 opinas sobre esto? \u00bfQu\u00e9 te parece la situaci\u00f3n? No tuvo respuesta, solo la sonrisa de un beb\u00e9 creyendo que su madre solicitaba una sonrisa.<br \/>\nLa familia de Miguel fue muy cruel con ella, sobre todo una de sus primas, que pese a ser psic\u00f3loga no aprovech\u00f3 su profesionalidad para mostrarle el camino. Tuvo la esperanza de que pudiera advertirla, o al menos insinuar o comentar algo que le hiciera abrir sus ojos. Pero no sucedi\u00f3. Era consciente de cuanto le acontec\u00eda a su primo Miguel, de sus preferencias sexuales, de la imposibilidad de producirse un cambio en su actitud. Sab\u00eda que con los a\u00f1os se acent\u00faa o se mantiene, pero no disminuye. Ana se consider\u00f3 enga\u00f1ada, y muy frustrada. Llor\u00f3, llor\u00f3 amargamente cuando estuvo sola. Solo calm\u00f3 sus l\u00e1grimas cuando vio sonre\u00edr a su querida \u00c1ngela, su ni\u00f1a del alma.<br \/>\nHasta ese momento no sucedi\u00f3 nada comparado con lo que se avecinaba. A finales de 1978, a Miguel le descubren un c\u00e1ncer en su sistema linf\u00e1tico. Se inicia entonces un zafarrancho familiar. Ana debe seguir dando clases, atendiendo la casa, a su hija, y como no a su marido, a quien le extirpan los tumores y el bazo, y a quien deben aplicarle sesiones de radioterapia. Ella en esos momentos se encuentra embarazada de su segunda hija, Rosa, y pese a salir del trance, debe ser operado de nuevo a\u00f1os m\u00e1s tarde. Se le reproducen los tumores y en esta ocasi\u00f3n sufre sesiones de quimioterapia, con el resultado que tal acci\u00f3n conlleva. Ana inicia un periodo duro, dif\u00edcil y costoso, sentimentalmente hablando.<br \/>\nLa vida que a partir de ese momento inicia Miguel es decididamente descorazonadora para la situaci\u00f3n, no ya solo como esposo y padre, sino como individuo que ha superado un c\u00e1ncer. Descarga en Ana toda su recuperaci\u00f3n mientras \u00e9l se escapa, no dice d\u00f3nde va, pero ella sabe que visita a ciertos j\u00f3venes para mantener relaciones homosexuales. A veces a su regreso la encuentra enfadada y llorando, ocupada en avisarle para tomar sus medicamentos, y, sobre todo, atendiendo a sus dos hijas y el hogar de ambos.<br \/>\nA \u00e9l no le importaba absolutamente nada, se convirti\u00f3 en un superviviente a costa de ella, y despu\u00e9s de repetir la escena una y otra vez, siempre acaba pidi\u00e9ndola perd\u00f3n. que Jam\u00e1s lo repetir\u00e9. Pero solo era una excusa para mantener el hogar tranquilo hasta la siguiente ocasi\u00f3n. Ella como persona, madre y esposa, deseaba creerle. Esperaba no volver a comprobar esa misma situaci\u00f3n. En ese impasse fueron muchas las ocasiones que acudi\u00f3 pidiendo ayuda a la prima de Miguel, la psic\u00f3loga, para requerirla profesionalmente de c\u00f3mo encontrar la manera de superar aquella situaci\u00f3n con su marido. Sus respuestas no pudieron ser m\u00e1s descorazonadoras, no pod\u00eda ejercer ninguna autoridad sobre su primo, y tratarla a ella. La recomienda continuar con aquella farsa de matrimonio fuera como fuera.<br \/>\nTranscurre el a\u00f1o 1981 y nace su tercer hijo, un var\u00f3n al que imponen el nombre de Alberto. Ella pese a la situaci\u00f3n que vive, admite quedarse embarazada, su costumbre y moral as\u00ed lo impone. Como continuar con su trabajo, con la educaci\u00f3n de sus hijos, con el mantenimiento del hogar, y todo ello sin ayuda alguna. El persiste en sus devaneos, no los ha abandonado, sigue minti\u00e9ndola y sigue pidiendo perd\u00f3n, asegurando que no volver\u00e1 a las andadas, y ella le concede el in\u00fatil perd\u00f3n.<br \/>\nLa moral y mentalidad de Ana formaba parte de la imperante en esa \u00e9poca, intentar mantener la familia unida, todav\u00eda m\u00e1s existiendo tres hijos. Debe luchar, aunque solo fuera ella quien lo hiciera y permanecer callada, pues a nadie puede pedir ayuda, a nadie conven\u00eda decir cu\u00e1nto estaba ocurriendo. Era otra \u00e9poca y exist\u00eda otra moral, un ejercicio absurdo adornado por palabrer\u00eda religiosa admitida por su familia m\u00e1s cercana. <em>Si te casas es para toda la vida<\/em>, dec\u00edan.<br \/>\nA partir de entonces Miguel recibe requerimientos, solicitudes, peticiones, ruegos, exigencias, de su mujer pidi\u00e9ndole alejarse de aquella doble vida. Pero \u00e9l hace caso omiso, no solo contin\u00faa con su sistema de vida, sino que poco a poco inicia un inquietante y sistem\u00e1tico acoso psicol\u00f3gico sobre Ana.<br \/>\nD\u00eda a d\u00eda ronda en su mente romper la relaci\u00f3n con \u00e9l, pero ella misma rechaza su deseo, trunc\u00e1ndolo por verg\u00fcenza. La odiosa verg\u00fcenza de que sus hijos con edad para entender supieran de la homosexualidad de su padre y su comportamiento. Aquello la horrorizaba. Dej\u00f3 de comportarse como s\u00faper mujer que todo lo puede, y se dispuso a afrontar una nueva etapa, en esta ocasi\u00f3n se dej\u00f3 caer en manos de varios psic\u00f3logos. Ella necesita ayuda, est\u00e1 encerrada en una c\u00e1rcel interna, no puede hablar, nadie la escuchar\u00e1. Mientras su mente precisa descanso, un m\u00ednimo descanso.<br \/>\nLas respuestas de los psic\u00f3logos se limitan a confirmar lo que ella intu\u00eda, que el problema era de \u00e9l. Pero \u00bfC\u00f3mo debo afrontarlo? \u00bfC\u00f3mo puedo insinuar a mis hijos el comportamiento de su padre? \u00bfEs que no ve que necesito ayuda? No la hubo y su estado fue empeorando. La carga soportada era tan pesada, tan imposible de soltarla que desencadena una epilepsia, producida por el estr\u00e9s soportado.<br \/>\nLlega 1983. Todo sigue igual, ella con ataques de epilepsia en los que hay momentos donde su mente quedaba completamente en blanco. Reconoce cuanto la rodea, pero es incapaz de tomar en sus manos un vaso y llevarlo a la cocina para llenarlo de agua abriendo el grifo. Las descargas el\u00e9ctricas en su cerebro originadas por el estr\u00e9s lo bloquean y durante el tiempo que dura el ataque, permanece en blanco, como una mu\u00f1eca, mirando, escuchando, sin moverse. Inicia entonces un tratamiento m\u00e9dico. Siguen acumul\u00e1ndose los problemas.<br \/>\nEl due\u00f1o del establecimiento donde trabaja Miguel como encargado fallece y \u00e9l se queda al frente. Ana cree que aquello es un atisbo de futuro, un mayor ingreso para el hogar, pues ella necesita descansar, olvidar, al menos intentarlo. Dado que hasta entonces el propietario era el responsable de adquirir las antig\u00fcedades para presentarlas a sus clientes en los trabajos de decoraci\u00f3n, Ana anima a Miguel para continuar atendiendo la tienda. Pide prestado dinero y preparan juntos un viaje a Londres a fin de adquirir algunas antig\u00fcedades que les permitan afrontar el nuevo orden y seguir adelante. A partir de ah\u00ed, su inquietud la lleva a insistir y convencer a Miguel para asistir a Ferias de Antig\u00fcedades y Regalos, la mejor manera de estar al d\u00eda.<br \/>\nMiguel tiene suerte. A su lado tiene una mujer luchadora e inquieta que hace y piensa por \u00e9l. Qu\u00e9 m\u00e1s puede pedir. Mientras tanto los tres hijos siguen creciendo. Ya es hora de abandonar definitivamente las clases de ballet. Ana tambi\u00e9n desea cambiar de mundo y por ello busca otro trabajo y lo encuentra en un Centro M\u00e9dico ayudando en la rehabilitaci\u00f3n de pacientes. Aquello parece inundarla de nuevas energ\u00edas y asume la idea de volver a estudiar, desea prepararse para entrar en la universidad y sacarse el t\u00edtulo de Rehabilitadora.<br \/>\nComienza a asistir a las clases necesarias y para ello necesita la ayuda de alguien que cuide de sus tres hijos mientras Miguel regresa a casa despu\u00e9s de trabajar. El abuelo, el padre de Ana se ofrece gustoso. Ella regresa tarde, apenas le da tiempo a descansar, la cena, los ni\u00f1os, el marido, y luego estudiar para el ingreso en la Universidad hasta las cuatro de la ma\u00f1ana. Duerme solo tres horas y media, pues debe levantarse, preparar los desayunos de los cinco, acompa\u00f1ar a los ni\u00f1os a los colegios e ir r\u00e1pidamente a su trabajo. De nuevo el stress puede con ella, solo una d\u00e9cima de punto le aparta de ingresar en la Universidad. No aprueba y aquello la hunde y desilusiona, pero no tiene a nadie en quien apoyarse, su marido est\u00e1, pero como si no existiera, solo es alguien que vive bajo el mismo techo, pero no participa m\u00e1s que entregando parte de lo que gana, y no espera recibir ning\u00fan tipo de aliento. Ana se descorazona y abandona.<br \/>\nDe nuevo otro intento fallido, otra desilusi\u00f3n que echarse a la espalda y a su maltratado coraz\u00f3n, otro sufrimiento m\u00e1s. Se sobrepone y es contratada en una Consultor\u00eda, trata de soplar su viento en otra direcci\u00f3n, es como una huida, pero solo hacia delante. Ella da el cari\u00f1o y apoyo que nunca recibe, aunque est\u00e9 deseosa de ambos. Por eso y porque quiere seguir manteniendo su familia, sus hijos y su hogar, aprovechando que los mercadillos de Londres se abren de viernes a domingo, inicia un periplo con Miguel para seguir comprando los objetos necesarios para la tienda de decoraci\u00f3n. Como no puede faltarle la suerte, \u00e9l que no habla ingl\u00e9s, tiene a su esposa que le hace de secretaria, traductora y ayudante. Apunta cuanto compran y lo fotograf\u00eda todo. Aquello es una verdadera paliza, un trabajo duro, viajar, moverse por la ciudad para encontrar los mejores objetos. Pero todo lo soporta, era su forma de sacar adelante una importante faceta, la econ\u00f3mica, el futuro de sus hijos, con aquello podr\u00e1n estudiar y tener mejor vida y quiz\u00e1s ella, descansar m\u00e1s adelante.<br \/>\nEn una de las ocasiones en que est\u00e1n a punto de viajar a Londres Ana se siente mal, d\u00e9bil, apenas tiene fuerzas y acude al m\u00e9dico. La descubren, tras una serie de an\u00e1lisis, que ha sido contagiada de Hepatitis B. Ello provoca que el resto de la familia, incluido su marido y sus hijos tambi\u00e9n deban hacerse an\u00e1lisis.\u00a0 Se descubre que el portador-contaminante es su propio marido. Tanto \u00e9l como Ana sab\u00edan d\u00f3nde y por qu\u00e9 se contagiaron, pero la verg\u00fcenza puede m\u00e1s que el respeto por su mujer y sus hijos. El canalla guarda silencio ante el m\u00e9dico que los atiende. Ana se mantuvo en cama durante dos meses, lo que la permiti\u00f3 superar la enfermedad. El no.<br \/>\nEn su fuero interno a\u00fan mantiene un peque\u00f1o rescoldo, aunque \u00ednfimo, y como esposa acepta seguir manteniendo relaciones sexuales con su marido. Comenz\u00f3 a usar condones, pero ni siquiera el hecho de comprarlos para evitar otra contaminaci\u00f3n a su mujer, le hace reaccionar, era ella quien peregrinaba a las farmacias para comprarlos, aunque \u00e9l no siempre los usaba. Se convirti\u00f3 en un cruel y verdadero canalla.<br \/>\nEn una ocasi\u00f3n Ana se detuvo a comprobar el n\u00famero de condones que restaban en la caja y averigu\u00f3 con una simple operaci\u00f3n matem\u00e1tica, que el n\u00famero de existentes era menor a las veces que hab\u00eda mantenido relaciones. Se lo coment\u00f3, le reproch\u00f3 y solo escuch\u00f3 improperios mientras se pon\u00eda hecho una furia, alegando que controlar los condones era completamente impropio de una esposa.<br \/>\nComo continuaba visitando putos, robaba los condones de su propia alcoba y no perd\u00eda ocasi\u00f3n de ramonear palabras insultantes para hacerla sentir mal. Acomodar los hechos a su \u00fanico inter\u00e9s con el fin de presentarse como v\u00edctima propiciatoria de su esposa. A\u00fan dispuso de tiempo para comportarse de manera tan vil.<br \/>\nAquella \u00e9poca fue el inicio de un calvario. Visitas a m\u00e9dicos, pruebas, tratamientos, an\u00e1lisis, dietas alimenticias espec\u00edficas para su hepatitis, limpiezas exhaustivas para evitar contagios a los hijos, eran la constante. Pero la ayuda y esfuerzo prestados por Ana a su marido no significaban nada, como tampoco parec\u00edan importarle sus hijos. Mantuvo sus escapadas, ni siquiera supo mantener la compostura. Siempre que celebraban su aniversario, alegaba marcharse por alguna cuesti\u00f3n ineludible, pero solo para celebrarlo con alguno de sus amigos \u00edntimos. Cuando regresaba su rostro lo delataba incluso con se\u00f1ales de su culpabilidad si es que era capaz de tener ese tipo de sentimiento. Pero eso s\u00ed, mantuvo la farsa pese a todo, como bien le se\u00f1al\u00f3 tiempo atr\u00e1s la prima psic\u00f3loga. Suelea comprarla un espl\u00e9ndido regalo, que presentaba ante la familia. Era la forma de alargar la farsa, de mostrar lo esplendido que era. Ana sin embargo sab\u00eda que aquella era su \u00fanica manera de comprar silencio, pagar parte de la culpa por tratarla de la forma que lo hac\u00eda, con desprecio, humillaci\u00f3n, cobard\u00eda. A partir de ese momento comenz\u00f3 a odiarlo, se lo merec\u00eda, aunque tuviera que permanecer callada, aparentando, como todos parec\u00edan querer, y unido a la crueldad y la ignominia provocada por su <em>estupendo y querido marido<\/em>.<br \/>\nA tal punto llegaban sus mentiras, que cierta vez en que Ana recibi\u00f3 en casa a una amiga, antes de marcharse quiso esperar para saludar a Miguel. Aquel d\u00eda le retras\u00f3 m\u00e1s de la cuenta su relaci\u00f3n homosexual. Al entrar en casa y verlas, se le dispararon los nervios, no esperaba aquella recepci\u00f3n y al observar que ni llevaba puesto el anillo de casado ni el reloj de pulsera, comenz\u00f3 como un poseso mentiroso, a relatar una historia rocambolesca. Se\u00f1al\u00f3 que de regreso a casa advirti\u00f3 a un grupo de j\u00f3venes de muy mala pinta y opt\u00f3 por quitarse y guardar, tanto el reloj como el anillo a fin de que no pudieran rob\u00e1rselos. La amiga de Ana lo mir\u00f3 extra\u00f1ado, era tan evidente que la historia no era ver\u00eddica. Evitando la tensi\u00f3n imaginada, opt\u00f3 por despedirse y abandonar la casa de aquel matrimonio. Despu\u00e9s, ante la insistencia de Ana, acab\u00f3 como siempre, confesando lo de siempre.<br \/>\nLa situaci\u00f3n de cada semana, cada d\u00eda, incluso cada hora transcurr\u00edan para Ana tensas y duras. El stress provocado era cada vez m\u00e1s pronunciado y los ataques de epilepsia se produc\u00edan con m\u00e1s frecuencia. Lleg\u00f3 un momento que no tuvo m\u00e1s remedio que confiar su pesada carga a alguien, y no fue otro que su m\u00e9dica de cabecera. Necesitaba descargarlo, comentar su infortunio y solo la doctora puede guardar la confidencialidad de un paciente. Por eso y porque vio en ella a un ser totalmente destrozado, la recomend\u00f3 visitar a una psic\u00f3loga conocida. Previamente la puso en antecedentes y aquella acept\u00f3 de buena gana. Comenz\u00f3 a acudir a la consulta con asiduidad.<br \/>\nLa actitud vil de Miguel y el absurdo comportamiento de Ana, respecto a cumplir con las obligaciones sexuales obligadas por el matrimonio, adem\u00e1s de las restantes; m\u00e1xime cuando al otro lado de su cuarto hab\u00eda tres hijos a quienes se deb\u00eda; la hac\u00edan someterse exponi\u00e9ndose no solo al contagio de hepatitis que ya le pas\u00f3, sino tambi\u00e9n a otra serie de posibles realidades.<br \/>\nAna visit\u00f3 a su ginec\u00f3logo, dados las molestias en la zona genital, cuando advirti\u00f3 que era algo tan sencillo como ladillas, se puso en tratamiento para eliminarlas y apuntar en lo m\u00e1s escondido de su agenda cerebral, que deb\u00eda tomar otro tipo de decisi\u00f3n antes de contagiarse de quien sabe que cosas, dada la promiscuidad de su marido.<br \/>\nA punto estuvo de contagiar a Ana de nuevo. No pudo, ella comenz\u00f3 a negarse y decidi\u00f3 dormir alejada de \u00e9l. Pero era tal la m\u00ednima inteligencia o maldad de aquel hombre, que en sus devaneos sexuales le contagiaron de algo desconocido. No se le ocurri\u00f3 otra cosa que apuntar a sus genitales con un spray previsto para eliminar cucarachas, con lo que se provoc\u00f3 una importante quemadura de las partes pudendas.<br \/>\nAntes de decidir abandonar el lecho de tortura, Ana fue contagiada de <em>Clamidea<\/em>, su ginec\u00f3logo en la revisi\u00f3n anual lo descubri\u00f3. La recomend\u00f3 operarse del tumor producido en el cuello de la matriz, lo hizo, y muy a su pesar, en evitaci\u00f3n de que pudiera quedarse embarazada y transmitir al posible feto cualquiera de las enfermedades que su padre portaba, solicit\u00f3 la eliminaci\u00f3n de sus trompas. No supo que decir al m\u00e9dico, su verg\u00fcenza era tal, que apenas retiraba sus manos de la cara cuando respond\u00eda a sus preguntas. Las evitaba, como tambi\u00e9n confesar algo que el doctor evidentemente sospechaba. No se atrev\u00eda a decir <em>No he sido infiel. El infiel, con Dios sabe, el infiel es mi marido, que es homosexual<\/em>. Pero no pod\u00eda decirlo y soport\u00f3 los gui\u00f1os y sarcasmos. El ginec\u00f3logo sab\u00eda que aquello solo pod\u00eda producirse por un contagio sexual. Pero ella no iba a permitir romper con la moral inculcada desde ni\u00f1a, fidelidad a su marido, pero sobre todo por respeto a ella misma y a sus hijos.<br \/>\nDado que la hepatitis de Miguel empeoraba, el tratamiento sugiri\u00f3 unas inyecciones de un medicamento muy espec\u00edfico, pero pese a ser su vida la que estaba en juego, su \u00fanica y autentica preocupaci\u00f3n, era salir de vez en cuando en busca de sus hombres. Mientras, Ana era quien se encargaba de ir a por las recetas, encargar el medicamento en la farmacia y conservarlas en fr\u00edo, si lo requer\u00edan. Pero no solo en casa, sino tambi\u00e9n cuando viajaban en busca de antig\u00fcedades, pero sobre todo de inyect\u00e1rselas. Se manten\u00eda pendiente de su vida, con lo f\u00e1cil que hubiera sido para ella olvidarse, sencillamente ocuparse de la propia y abandonarlo, pero no, se convirti\u00f3 adem\u00e1s en su enfermera privada y particular. Le acompa\u00f1aba como no, a las visitas a m\u00e9dicos especialistas. Como Miguel era tan sorprendentemente materialista, ego\u00edsta y eg\u00f3latra, sus padres ya mayores, al ser hijo \u00fanico, quedaron desatendidos, y Ana no tiene m\u00e1s remedio que ocuparse tambi\u00e9n de ellos. Acompa\u00f1arlos al m\u00e9dico, procurarles comida y un sinf\u00edn de acciones que como otra maldici\u00f3n m\u00e1s, o una lapa aposentada sobre una roca, tambi\u00e9n se acopl\u00f3 a la vida de Ana, aumentando sin querer su infortunio, y su descabellada vida.<br \/>\nEl estado f\u00edsico de Miguel, pese a los tratamientos, empeoraba, aunque no parec\u00eda importarle. Ni siquiera en esos momentos era capaz de aguantar su promiscuidad, estaba tan seguro de que Ana no le abandonar\u00eda, y continuar\u00eda tap\u00e1ndole, que solo pensarlo aumentaba su ego\u00edsta comportamiento y le abr\u00eda las puertas para continuar su especial tipo de vida.<br \/>\nAlguien, del grupo de sus amigos, recomend\u00f3 a Miguel acudir a una Iridi\u00f3loga quien se ocup\u00f3 de proporcionarle no solo sesiones de acupuntura, sino una serie de medicamentos naturales que ocasionaron la p\u00e9rdida de una importante cifra dineraria. No comprend\u00eda que aquello solo le pondr\u00eda peor, como as\u00ed ocurri\u00f3. Su hepatitis y las sesiones de quimioterapia reclamaban parte de cu\u00e1nto les pertenec\u00eda de su cuerpo. \u00c9l muy coqueto, al verse calvo, no soportaba su imagen en un espejo, acudi\u00f3 a una cl\u00ednica dedicada a analizar el cabello, para soportar sesiones interminables con productos que evitaran su calvicie, eso ayud\u00f3 a aumentar sus gastos dado el importante costo de los productos utilizados.<br \/>\nComo era l\u00f3gico, los clientes de la tienda de decoraci\u00f3n que regentaba advirtieron el deterioro f\u00edsico. Una de ellas y por su cuenta y riesgo, asumi\u00f3 los gastos de un viaje a la ciudad de Boston en Estados Unidos, donde al parecer conoc\u00eda una cl\u00ednica que al parecer pod\u00edan curarle la hepatitis, en esos momentos entraba en un proceso muy delicado. Ana, su esposa, madre y mujer que en una ocasi\u00f3n tuvo que buscar en el diccionario la palabra elecci\u00f3n, al olvidar su significado, viaj\u00f3 con \u00e9l como esposa, secretaria, traductora y enfermera a Boston.<br \/>\nElla no entend\u00eda aquel viaje y manten\u00eda un importante reparo respecto a la cliente de la tienda, dado que Espa\u00f1a estaba a la cabeza de importantes especialistas, entre los que exist\u00edan los mejores Hepat\u00f3logos. Estando all\u00ed preguntaron al doctor que los atendi\u00f3, si conoc\u00eda a alg\u00fan colega suyo en Espa\u00f1a para recomendar a Miguel como paciente. Les respondi\u00f3 que s\u00ed y les se\u00f1al\u00f3 uno muy especial y capacitado, despu\u00e9s a\u00f1adi\u00f3 que solo un trasplante de h\u00edgado podr\u00eda permitir la eliminaci\u00f3n de la hepatitis. Al llegar a Madrid, Ana, su enfermera privada, investig\u00f3 como contactar con el Dr. Sangil (nombre sustituido) y descubri\u00f3 que por suerte pasaba consulta en la Seguridad Social, en la zona correspondiente a su domicilio.<br \/>\nCon la carta de presentaci\u00f3n del doctor bostoniano, Ana solicit\u00f3 una cita. Los recibi\u00f3 y su amabilidad hizo que asumiera al paciente para ponerse en sus manos y en las de su equipo en un importante hospital de la ciudad. Mientras comenzaban las pruebas y seguimiento de la enfermedad, ella no cejaba ni un momento de involucrarse en el trabajo de \u00e9l, iba a la tienda, hac\u00eda de chofer para llevar cuantas obras, muebles y enseres eran preciso para su trabajo. Casualmente \u00e9l jam\u00e1s se ocup\u00f3 de obtener el permiso de conducir, y claro se mov\u00eda a base de taxis, o en el resto de los casos en el coche conducido por su esposa, que recorr\u00eda Madrid entero.<br \/>\nNo solo era ayuda f\u00edsica, sino moral, anim\u00e1ndole para estar presente en cada Feria de Anticuarios, dado que en ocasiones se ganaba m\u00e1s vendiendo en Ferias que en la propia tienda, adem\u00e1s era la mejor manera de conseguir contactos y operaciones, forzar a que le conocieran los visitantes a las Ferias celebradas en cualquier parte del pa\u00eds. Y claro, ella estaba al pie del ca\u00f1\u00f3n, soportando diez d\u00edas de dura presencia, mal comiendo, trabajando para que su marido consiguiera estar en la picota de la decoraci\u00f3n y las antig\u00fcedades. Lo soportaba todo.<br \/>\nPor entonces el matrimonio se hab\u00eda convertido en algo extra\u00f1o, incomprensible. A partir de entonces, neg\u00f3 cualquier tipo de relaci\u00f3n sexual.<br \/>\nUn buen d\u00eda recibieron una comunicaci\u00f3n del Dr. Sangil se\u00f1alando que su salud iba paulatinamente empeorando por lo que se hac\u00eda ineludible apuntarle en la lista nacional de trasplantes. Claro que, con los antecedentes de Miguel, c\u00e1ncer linf\u00e1tico con un grupo sangu\u00edneo 0 negativo, poco o nada pod\u00edan esperar. Tras mucha labor del propio doctor, el Comit\u00e9 de Admisi\u00f3n a la Lista, se apiad\u00f3 y acept\u00f3 su inclusi\u00f3n. Ahora solo cab\u00eda esperar. Se intent\u00f3, aunque desde luego y como siempre, con el esfuerzo de otros.<br \/>\nEl r\u00e9gimen de vida de Ana se vio nuevamente alterado. La funcionalidad del h\u00edgado de Miguel era cada vez peor, y con una frecuencia casi constante, lo acompa\u00f1aba a urgencias Hospitalarias, dado que se le acumulaba l\u00edquido en la tripa produci\u00e9ndole una intoxicaci\u00f3n que llegaba al cerebro, supuestamente una encefalitis. Solo mediante la extracci\u00f3n del l\u00edquido producido por el h\u00edgado se evitaba pudiera entrar en coma, con posibilidad m\u00e1s que segura de fallecer.<br \/>\nElla, pensando en lo \u00fanico que la sosten\u00eda, acud\u00eda a la llamada del padre de sus hijos, no quer\u00eda que muriera, aunque lo deseara. Tal vez era la \u00fanica forma de liberarse. Aunque como siempre solo era un pensamiento fugaz. El sin embargo era obsesivo, en cuanto recuperaba el aliento perdido por la intervenci\u00f3n y su figura se ajustaba al canon por \u00e9l establecido, volv\u00eda a las andadas. En una ocasi\u00f3n lo encontr\u00f3 tumbado con un peri\u00f3dico abierto por las p\u00e1ginas de contactos masculinos, dispuesto a seguir con su inquietante, doble y escondida vida.<br \/>\nPor fin su h\u00edgado dej\u00f3 de funcionar, y seg\u00fan el Dr. Sangil, la \u00fanica soluci\u00f3n era un trasplante en vivo, sin esperar a la lista para la cesi\u00f3n del h\u00edgado de un fallecido. Ana sufri\u00f3 lo indecible para acumular suficientes fuerzas y comunic\u00e1rselo a sus tres hijos. Tanto ellos como ella, comenzaron a realizarse los preceptivos an\u00e1lisis a fin de que alguno cumpliera los requisitos no solo de compatibilidad del grupo sangu\u00edneo, sino tambi\u00e9n en acoplamiento de la v\u00edscera, a fin de que las suturas de vasos y arterias coincidieran el m\u00e1ximo posible.<br \/>\nComo era l\u00f3gico Ana se brind\u00f3 para ceder parte de su h\u00edgado, no permitir\u00eda que sus hijas e hijo lo hicieran, ten\u00edan una vida por delante y ella ya hab\u00eda conseguido cuanto necesitaba, verlos crecer saludablemente. No obstante, el resultado de las pruebas la rechazaron, su poco peso debido a las afecciones y contagios sufridos, la hab\u00edan sumido en una delgadez extrema, casi peligrosa, de tal forma que quiz\u00e1s no superar\u00eda la operaci\u00f3n. Optaron por el h\u00edgado del hijo.<br \/>\nAlberto joven de 18 a\u00f1os se convierte en el donante, aunque debe pasar por todo tipo de pruebas m\u00e9dicas, adem\u00e1s de hacerlo ante el Comit\u00e9 Nacional de Trasplantes, con obligaci\u00f3n de conocer y establecer que est\u00e1 realmente convencido para verificar el trasplante o simplemente se siente obligado por ser su padre el receptor. A tal punto que incluso debe presentarse ante un Juez para ratificar que la decisi\u00f3n tomada es \u00fanica y exclusivamente por propia voluntad.<br \/>\nSi cada decisi\u00f3n tomada hasta entonces por Ana era importante y dolorosa; por cuanto su misi\u00f3n es evitar que sus tres hijos conocieran la situaci\u00f3n personal de su padre y consecuentemente la vida que ella hab\u00eda arrastrado desde que le conoci\u00f3; ahora se plantea algo mucho m\u00e1s dif\u00edcil, la decisi\u00f3n unilateral de su hijo, mayor de edad. Conlleva un riesgo, su propia vida, la vida de un hombre joven y sano, para intentar que su padre, de quien desconoc\u00eda la raz\u00f3n de aquella enfermedad y c\u00f3mo la obtuvo, saliera adelante. Ambos, madre e hijo fueron muy valientes. El por consentir sin cortapisa alguna. Ella por aceptar la posibilidad de perder a un hijo y acceder al deseo de \u00e9ste por su padre, pero careciendo como ella del poder de elecci\u00f3n. Sufri\u00f3 lo indecible.<br \/>\nComo parec\u00eda que la estrella de Ana se apagaba, y posiblemente el responsable de la providencia que vigila los malos y buenos actos, debi\u00f3 abandonarla, pens\u00f3 que nada de cuanto ocurriera a partir de ese momento ser\u00eda peor, eso al menos era lo que se repet\u00eda cada noche antes de meterse en la cama a descansar, aunque pronto surgi\u00f3 un insomnio que apenas le permit\u00eda dormir tres horas. As\u00ed su d\u00e9bil cuerpo comenz\u00f3 a padecer a\u00fan m\u00e1s.<br \/>\nMientras suced\u00edan las previstas funciones de investigar y determinar c\u00f3mo hacer el trasplante, los suegros, personas mayores, quedan desamparados. Su \u00fanico hijo no est\u00e1, ni ha estado nunca presente para ayudarlos. Desgraciadamente su madre enferm\u00f3 de Mielosis M\u00faltiple, y consecuentemente Ana es quien debe atenderla, acompa\u00f1arla a las consultas, hablar con los m\u00e9dicos. No solo es su suegra, marido, e hijos, sino que debe cocinar y atender del mismo modo a su suegro. El agotamiento es el \u00fanico compa\u00f1ero que tiene, debe ir corriendo de un lado para otro para atender a todos, a veces incluso olvida en que d\u00eda, que debe guardar unos minutos para descansar, o utilizarlos en mirarse, ver que su cuerpo cada d\u00eda est\u00e1 m\u00e1s delgado. Pero no se para, sigue adelante, poniendo cada c\u00e9lula de su cuerpo al servicio de los dem\u00e1s.<br \/>\nLo peor a\u00fan no ha llegado, Miguel asume un rol a\u00fan m\u00e1s canalla. Su car\u00e1cter su vuelve insoportable, exigente y dominante, pero sobre todo cruel, demasiado cruel con Ana. Cuanto hace lo considera mal, nada tiene la consideraci\u00f3n de estar bien realizado. Tal vez comienza a preparar algo en su sucio cerebro. Utiliza secuencias casi psicol\u00f3gicas haci\u00e9ndola ver que su comportamiento deber\u00eda considerarse como una persona afectada, en realidad una mujer desequilibrada mentalmente. Los amigos m\u00e1s cercanos, incluso la familia, solo son portadores de frases tales como: \u00a0<em>tienes que comprenderlo, el pobrecito est\u00e1 enfermo. Debes ser paciente. Esfu\u00e9rzate<\/em>.<br \/>\nSu autoestima comienza a resquebrajarse, sus nervios se aposentan y su condici\u00f3n de chivo expiatorio se sujeta con fuerza en su interior. A nadie puede contar cuanto la ocurre, aunque solo sea por un instante y como \u00fanica forma de descargar parte de cuanto lleva dentro, con el fin de poder seguir adelante, pero no, debe seguir soport\u00e1ndolo, y \u00e9l ahora menos que nunca, est\u00e1 dispuesto a que ella rompa su silencio dando a conocer a todo el mundo su condici\u00f3n, no ya de homosexual, sino de absoluto y depravado canalla en su situaci\u00f3n de esposo.<br \/>\nContin\u00faa aceptando absolutamente todo, y mientras tanto \u00e9l sigue yendo de ligue con sus desconocidos amigos homosexuales. Cuando regresaba de una sesi\u00f3n no hab\u00eda oportunidad de hablar con \u00e9l hasta las cuatro de la ma\u00f1ana, ya que sus hijos duermen en sus habitaciones desde donde pueden escucharlos. Merced al modo de vida, Ana comienza a autolesionarse y sin quererlo llega a retirarse tres piezas dentales. Sus nervios no hacen m\u00e1s que mover su lengua hasta terminar por aflojarlos. El estr\u00e9s que sufre se convierte en un considerable colon irritable, y para colmo, las comidas o la sientan mal o las vomita, con la consiguiente p\u00e9rdida de nutrientes.<br \/>\nNi tan siquiera despu\u00e9s del trasplante, realizado con resultado feliz; tanto padre como hijo se encuentran perfectamente; Ana cree ver a lo lejos un horizonte optimista, su querido esposo jura y perjura que va a cambiar. Ver de lejos la muerte, le ha hecho precipitarse en un mundo desconocido y declara con una seriedad desconocida, que intentar\u00e1 estar m\u00e1s tiempo con sus hijos, adem\u00e1s de toda una retah\u00edla de frases adornadas asegurando ha llegado el momento de cambiar. Todas esas promesas comienzan a desmoronarse como un castillo de naipes. La realidad es completamente opuesta, sus devaneos se incrementan, son m\u00e1s frecuentes. Se llena de mensajes telef\u00f3nicos, llamadas a deshoras, algo incomprensible, inaudito, no solo por lo que significar\u00eda la vuelta a las andadas, sino la irrupci\u00f3n de cualquier nueva infecci\u00f3n, y sobre todo por algo fundamental, la constante falta de respeto hacia ella y su hijo. No solo est\u00e1 enfadada, sino dolida y humillada por lo que le hace a Alberto, por haberle dado la oportunidad de seguir viviendo. Duele en lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n de Ana, pues se une la inaudita y absurda falta de respeto a toda su familia, que de alguna manera y durante a\u00f1os, han estado apoy\u00e1ndolo directa o indirectamente.<br \/>\nLa salud de la madre de Miguel empeora desembocando en su muerte. Esta nueva situaci\u00f3n provoca otra serie de acontecimientos. No puede dejar solo y desasistido al suegro, por lo que se lo lleva a su domicilio, acopl\u00e1ndole durante nueve meses, en la habitaci\u00f3n que ocupa su hija mayor, \u00c1ngela, quien debe irse inc\u00f3modamente a la de su hermano Alberto y donde apenas tiene sitio para estudiar\u00a0 y acabar su carrera de Biol\u00f3gicas. Como cree que esa situaci\u00f3n perjudica el futuro de su hija, rentan un apartamento cercano donde queda atendido por una asistenta debiendo caminar hasta la casa de su hijo a fin de almorzar y cenar junto a su familia.<br \/>\nDurante todo ese tiempo las conversaciones entre los c\u00f3nyuges son pr\u00e1cticamente inexistentes, apenas se dirigen la palabra y la situaci\u00f3n es insostenible frente a sus hijos y suegro. De tal manera que no tiene m\u00e1s remedio que salir a caminar a la calle donde su familia no alcance a escuchar el ultim\u00e1tum que Ana plantea a Miguel. <em>Esto ya no puede seguir as\u00ed, es insostenible, no puedo soportar m\u00e1s, no quiero ni puedo seguir disimulando. Debemos hablar con nuestros hijos, decirles que vamos a separarnos.<br \/>\n<\/em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La mir\u00f3 negando con la cabeza, luego asinti\u00f3 y admiti\u00f3 mantener una conversaci\u00f3n con ellos, aunque le pide no estar presente cuando hable con ellos. \u00a1Que absurdo! Ella deb\u00eda asistir, era su madre, tambi\u00e9n escuchar cuanto les iba a decir. Sin embargo, solo se limit\u00f3 a comentarles que iban a separarse debido a sus m\u00faltiples infidelidades de las que por supuesto su madre, Ana, no ten\u00eda culpa alguna, a\u00f1adiendo que durante una temporada se mantendr\u00eda alejada, en una finca de sus padres a las afueras de Madrid, para recuperar su estatus y rebajar la tensi\u00f3n existente en el hogar conyugal.<br \/>\nLos tres hijos, \u00c1ngela, Rosa y Alberto se quedan de piedra al escuchar aquellas frases inesperadas. Miraron a sus padres, ni siquiera despegaron los labios para hacerles pregunta alguna, solo dieron media vuelta y se dirigieron a sus respectivas habitaciones a llorar. Nunca dijeron una sola frase. Guardaron silencio, un silencio intrigante, extra\u00f1o y falto de imaginaci\u00f3n.<br \/>\nDurante siete meses Ana se march\u00f3 con su hijo Alberto a la finca, creyendo que, a su regreso, su marido se habr\u00eda marchado y reiniciar\u00eda su vida de nuevo, o tal vez decidido cambiar. Eran tantas las cuestiones que asomaban a su cerebro, era tanto el dolor que sent\u00eda por sus hijos y por ella misma, que a veces se ubicaba en una situaci\u00f3n semi catat\u00f3nica. Al regresar, pues era mucho el tiempo sin estar con sus hijas, Miguel se manten\u00eda exactamente igual, acaso peor. No era consciente o no quer\u00eda sentir la obligaci\u00f3n de marcharse y Ana, subida en ese escal\u00f3n del que no ten\u00eda intenci\u00f3n alguna de bajarse, le fij\u00f3 una fecha para abandonar definitivamente el domicilio. Se march\u00f3 al apartamento de su padre mientras recorr\u00eda uno tras otro todos los edificios cercanos en busca de un piso para rentar. Seg\u00fan aleg\u00f3, cercano para as\u00ed permanecer unido a sus hijos. Otra p\u00e1tina de farsa para a\u00f1adir a la fachada montada ante la gente, amigos y familia.<br \/>\nMientras se adaptaba a su nueva situaci\u00f3n, Ana hasta entonces sin trabajo, localiz\u00f3 uno en una tienda. Al menos durante horas olvidaba sus obligaciones, a saber, preparar comidas para sus hijos, adem\u00e1s de atender al suegro y llevarle la comida, a la que se sum\u00f3 la de su querido e in\u00fatil esposo. Encontr\u00f3 un piso, pero aun as\u00ed le costaba arrancar, salir para enfrentarse solo a una vida desconocida.<br \/>\nPor fin decidi\u00f3 salir, pero sin su padre a quien no quer\u00eda a su lado. Aleg\u00f3 tener que colocar el piso, aunque la realidad era otra, le imped\u00eda vivir inmerso en sus devaneos homosexuales, adem\u00e1s de mantener la obligaci\u00f3n de cuidarle, ocuparse de \u00e9l. Ante la insistencia de Ana, furiosa por la tardanza en comenzar su propia rehabilitaci\u00f3n mental, solo escucha frases despectivas, comentarios y sensaciones de convertirse en una v\u00edctima de ella. Todo ello frente a sus hijos, amigos y familia. Pero ya era tarde, otra crueldad m\u00e1s de aquel ser no importaba absolutamente nada. Ten\u00eda muy claro qui\u00e9n era v\u00edctima. Ella. \u00danicamente \u00a0ella, toda una vida, su vida, estuvo dedicada a cuidarle, tap\u00e1ndole su doble rol ante sus hijos principalmente, y todo por la falta de valent\u00eda para afrontar ante ellos una realidad que solo ella soport\u00f3.<br \/>\nA partir de ese momento, y evitando la ruptura definitiva, Ana consinti\u00f3 mantener los amigos comunes, no exist\u00eda raz\u00f3n para perder amistades, pero se neg\u00f3 a que entrara en su casa mientras ella estuviera dentro. Claro que la debilidad de los sentimientos hacia sus hijos, hicieron que de nuevo lo admitiera, sobre todo en fechas se\u00f1aladas, aniversarios, navidades y fiestas similares. Entonces acud\u00edan \u00e9l y su padre.<br \/>\nSuperada la etapa de una imposible convivencia civilizada, manten\u00eda no obstante una <em>entente cordiale<\/em>, no dej\u00f3 de acompa\u00f1arle a urgencias m\u00e9dicas, cuando era necesario y de vez en cuando le preparaba comida, todo ello regado con algo de cordialidad.<br \/>\nParec\u00eda, como suele decirse, que despu\u00e9s de la tormenta surgiera la calma. Sus hijos ya no pod\u00edan ver ni escuchar discusiones ni malas caras. Pese a entender que la situaci\u00f3n no era la so\u00f1ada, despu\u00e9s de aceptar el golpe que signific\u00f3 la separaci\u00f3n de ambos. Los tres hijos parec\u00edan vivir dentro de una familia feliz, pese a estar separados. Claro que desconoc\u00edan el dolor de su madre y la cobard\u00eda y crueldad de su padre, que solo pensaba con la entrepierna. Que no solo hab\u00eda destruido un matrimonio, sino a una mujer dedicada por entero a \u00e9l durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os. Para sus hijos aquello no exist\u00eda, y a su padre no le importaba. Su nueva situaci\u00f3n era de la de vivir lo que nunca hab\u00eda vivido. Sin detenerse un segundo y aceptar la dedicaci\u00f3n de un ser humano solitario sin ninguna esperanza, sin ning\u00fan tipo de vida: Ana.<br \/>\nSi ocasionalmente surg\u00eda la oportunidad de comentarlo solo recib\u00eda respuestas y comentarios crueles y ego\u00edstas. En un momento dado Ana sac\u00f3 el prospecto de uno de los medicamentos que deb\u00eda tomar de por vida, obligado por el trasplante, donde aparec\u00edan escritos los nombres y tel\u00e9fonos junto a los recortes de prensa donde aparec\u00edan los hombres con los que pensaba irse.<br \/>\nEl sigui\u00f3 con su programada vida, no ten\u00eda ninguna intenci\u00f3n de soportar la constante presencia de su padre, le limitaba su promiscuidad, por lo que adem\u00e1s de dejarle solo cuando marchaba a trabajar, logr\u00f3 ir a un gimnasio para evitar permanecer menos tiempo con \u00e9l. No consinti\u00f3 llevarle de vacaciones, \u00e9l sin embargo lo hizo en varias ocasiones en compa\u00f1\u00eda de amigos \u00edntimos.<br \/>\nUn buen d\u00eda, a finales del a\u00f1o 2004, el suegro desde la casa de su hijo hizo una llamada a su nuera. Se encontraba mal y ped\u00eda ayuda, estaba solo y sus piernas muy hinchadas. Ana de inmediato llam\u00f3 a Miguel y este se\u00f1al\u00f3 que tan pronto acabara la sesi\u00f3n del gimnasio ir\u00eda a casa y ver\u00eda a su padre. Para no dejarle solo Ana fue a cuidarlo hasta que Miguel apareciera. No lo hizo y a las doce de la noche no tuvo m\u00e1s remedio que dejarle solo, prometi\u00e9ndole que a primera hora de la ma\u00f1ana siguiente ir\u00eda al m\u00e9dico a preguntarle que deb\u00edan hacer. En urgencias le diagnosticaron una importante lesi\u00f3n por retenci\u00f3n de l\u00edquidos. Su muerte se produjo mes y medio despu\u00e9s.<br \/>\nEl desconocimiento por parte de Rosa, la hija menor, de la vida de su padre, hizo pedir a su padre le habilitara la habitaci\u00f3n hasta entonces ocupada por su abuelo, pero nunca obtuvo respuesta ni benepl\u00e1cito, jam\u00e1s llego a vivir en casa de su padre.<br \/>\nA partir de ese momento, Ana cree estar preparada para afrontar una nueva manera de vivir, sin la compa\u00f1\u00eda de un ser cruel y perjudicial para su salud f\u00edsica y mental. Hasta entonces las relaciones maternofiliales eran buenas, ella era confidente, madre y como no, algo parecido a una amiga, contaban con ella para todo, esperaban su consejo. La comunicaci\u00f3n era rec\u00edproca, f\u00e1cil y sencilla. Desde que sus padres se separaron, cinco a\u00f1os ya, las actitudes de estos para con ella cambian sustancialmente, pese a que nunca saliera de ella palabra alguna criticando o censurando el comportamiento de su padre. No as\u00ed los comentarios de su padre respecto a ella, facilitando que su comportamiento se tornara en semi hostil.<br \/>\nLas edades de sus hijos superan con creces la mayor\u00eda de edad, y sus deseos de independizarse aumentan. \u00c1ngela tiene 30 a\u00f1os, Rosa casi 28 y Alberto 25. Ana comienza a sentirse m\u00e1s sola que nunca, carece del \u00fanico apoyo que la ha mantenido viva durante el proceso. Durante las navidades de 2007 Ana comienza a sentir en su delgado cuerpo las consecuencias de cuanto lleva arrastrando desde que se cas\u00f3. Una depresi\u00f3n hace nido en su ser, ayudada con complicaciones digestivas y un importante agotamiento f\u00edsico y mental.<br \/>\nMientras tanto las reuniones familiares, a las que sigue uni\u00e9ndose Miguel, solo hacen aumentar su depresi\u00f3n, dado que se suceden desplantes, comentarios sarc\u00e1sticos y crueles a los que nadie hace frente y a\u00fan menos sus hijos.<br \/>\nAnte una situaci\u00f3n econ\u00f3micamente grave, Ana, solo dispone de la cantidad que gustosamente le pasa Miguel, alguien con dos dedos de frente, le recomienda la necesidad de plantear un divorcio y as\u00ed asegurarse un m\u00ednimo para subsistir, dado que \u00e9l disfruta de una boyante econom\u00eda, sin duda fruto del esfuerzo de Ana. Su consejera legal a\u00f1ade que las posibilidades son enormes, cualquier Juez aceptar\u00eda la petici\u00f3n, puesto que le ha dedicado toda su vida, mientras ella ni siquiera pudo acabar sus estudios secundarios. Ana de alguna forma quiere ver una rendija para afrontar el futuro que le resta como una persona normal. Se a\u00f1ade que en la empresa donde trabaja tiene un escaso sueldo, solo le alcanza para comer diez d\u00edas. La despiden. Hecho que apoya la tesis ante el Juzgado. La dificultad para encontrar otro trabajo es m\u00e1xima, tiene una edad superior a los cincuenta a\u00f1os, sin ninguna preparaci\u00f3n espec\u00edfica y necesita dinero para sobrevivir.<br \/>\nTodo un importante ciclo de entrega, que medido en a\u00f1os suponen treinta y tres dedicados en exclusiva a un hombre del que nada ha recibido, y ahora, al borde de cruzar la frontera hacia la tercera etapa de su vida, se encuentra sin cari\u00f1o, sola, sin acabar sus estudios, sin conseguir su sue\u00f1o juvenil, ser bailarina de ballet cl\u00e1sico y representar una obra. Ahora est\u00e1 cubierta de heridas sin resta\u00f1ar, por contagios, y, sobre todo, por las secuelas que siguen minando su desgraciada vida. Toda llena de tristeza, ingratitud humana, crueldad, soportando el enfrentamiento con sus hijos. Alguien la recuerda cuanto ya sabe. No obstante, escucha una especial definici\u00f3n al comportamiento de su marido, <em>Miguel profesa, como dicen los alemanes, Schadenfreude, el equivalente a un sentimiento de alegr\u00eda creado por el sufrimiento e infelicidad de otro, en este caso el tuyo.<br \/>\n<\/em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Ana decide hacer un esfuerzo mayor, intentar borrar y eliminar de su cerebro parte de los hechos ocurridos. Necesita salud mental y f\u00edsica, por ello se pone en manos de su consejera legal, e inicia el tr\u00e1mite judicial. La tranquiliza e intenta disipar la \u00fanica preocupaci\u00f3n que mantiene. Sus hijos la consideran culpable de abandonar a su padre merced a los comentarios que \u00e9ste, abonando su ingratitud, se ha ocupado de echar sobre las conciencias de sus tres hijos. La reitera en numerosas ocasiones, que es y ha sido siempre una persona legal, que su conciencia debe estar tranquila y pese a permanecer escondida la verdad, \u00e9sta debe suponer un importante alivio para la preocupaci\u00f3n que mantiene. La anima a intentar al menos conseguir su autosuficiencia, sin depender de nadie. Es preciso conseguir algo de justicia en este mundo, pues como repite Ana en numerosas ocasiones, no se puede esperar nada del otro mundo, solo en este se paga cuantos desmanes y acciones ruines, canallas y crueles se han cometido. No le preocupa en absoluto que un buen d\u00eda sus hijos sepan la verdad y admitan que tambi\u00e9n su comportamiento ha sido incorrecto y cruel con ella, al fin y al cabo, son sus hijos y nunca dejar\u00e1 de quererlos.<\/p>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Nunca se est\u00e1 preparado para conocer una historia como la precedente. Si nos atrevemos a compararla con la nuestra, nos parecer\u00e1 repleta de tristeza, de pena, de ilusiones no cumplidas, incluso de situaciones de odio, crueldad e infortunio, y sin embargo hace que nos sintamos afortunados, pues sin duda el paralelismo resulta distante.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>A veces, querr\u00edamos ver nuestra vida como una ficci\u00f3n, un sue\u00f1o, quiz\u00e1s una pesadilla, claro que, al despertar cada d\u00eda, al incorporarnos de nuevo al mundo, comprendemos que la realidad es tan cruda, que nuestra raz\u00f3n es incapaz de entender lo sucedido, y cuando lo hace, las heridas producidas en nuestro coraz\u00f3n son demasiado profundas para comprender que no se trata de un sue\u00f1o.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>La vida de Ana, fue como un columpio a quien empujaron en un determinado momento, aunque despu\u00e9s no hubo nadie que volviera a hacerlo y poco a poco fue perdiendo inercia, y lenta, muy lentamente acab\u00f3 par\u00e1ndose.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Ana muri\u00f3 despu\u00e9s de conseguir pocos meses antes, el divorcio de aquel monstruo y de su familia directa. Muri\u00f3 como consecuencia de las importantes secuelas y lastres f\u00edsicos que aquel canalla la produjo. Los efectos de los contagios se aferraron a su cuerpo, y como un pajarillo, una ma\u00f1ana al pie de una intervenci\u00f3n quir\u00fargica sin importancia, prevista para eliminar uno de ellos, record\u00f3 que estuvo a punto de rendirse y lo hizo. Por otro lado, no ha muerto, pues siempre que alguien la recuerde no desaparecer\u00e1.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Esper\u00f3 un tiempo, deseaba ser feliz, sin saber que esa espera es el \u00f3xido del alma, y cuesta mucho retirarlo. Crey\u00f3 por un momento que, al sufrir tal desamor, no quedar\u00eda resquicio abierto a otros afectos para recibir el amor de otras personas.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>No obstante, alguien la am\u00f3 mucho y en silencio. Alguien que mantuvo oculto y callado su intenso cari\u00f1o por ella, sin dec\u00edrselo ni hac\u00e9rselo patente. Solo dedicando su tiempo y esfuerzo en un intento de hacerla feliz.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Ese alguien insist\u00eda en llamar cada d\u00eda a su coraz\u00f3n, intentando barrer la melancol\u00eda que la embargaba, evitar que siguiera llorando en silencio, como si la congoja hubiera entrado en su vida de puntillas.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Cuando Pedro la conoci\u00f3 se enamor\u00f3 de ella. Su singular belleza espiritual y f\u00edsica llam\u00f3 su atenci\u00f3n, su rostro parec\u00eda estar siempre impregnado de luz. Con una sonrisa que le hac\u00eda vibrar, al menos eso quiso ver \u00e9l. Poco a poco conoci\u00f3 los avatares vividos por Ana y descubri\u00f3 su infelicidad. Aquello le produjo m\u00e1s entusiasmo a la hora de amarla, era como una descarga que cada d\u00eda le incitara a creer que su presencia la animar\u00eda. Como pudo, separ\u00f3 el cari\u00f1o que sent\u00eda por ella, del infortunio que representaba. No quiso ni por un solo instante, sintiera que su amor podr\u00eda confundirse con la sensaci\u00f3n de pena y tristeza que transmit\u00eda.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Poco a poco, d\u00eda a d\u00eda, fue obteniendo resultados. La vio re\u00edr, la escuch\u00f3 hablar de futuro, aunque en su fuero interno era dif\u00edcil conjugarlo, si bien exist\u00eda cierta disposici\u00f3n. Pasearon juntos, y vivieron cada momento con una intensidad desconocida, confiada.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Se sent\u00edan felices. Ella, que parec\u00eda tener dos corazones para amar, le hab\u00eda regalado momentos inolvidables y \u00e9l quiso corresponderla.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Una noche fueron a cenar a un restaurante, La Favorita, era su aniversario, cumpl\u00eda a\u00f1os y quer\u00eda celebrarlo de una manera especial. Pidieron la cena, frugal por otra parte, dado que su est\u00f3mago estaba delicado, y cuando a punto estaban de tomar el primer bocado, un joven, que hasta ese preciso instante estuvo atendiendo las mesas, se arrim\u00f3 a un piano y comenz\u00f3 a interpretar un \u00e1rea de \u00f3pera. De inmediato el resto de los camareros, f\u00e9minas y varones, abandonaron sus quehaceres y comenzaron a interpretar diversas piezas oper\u00edsticas. La mirada interrogante, alegre y llena de sorpresa y felicidad de Ana, fue tan maravillosa, que sus ojos brillaron de entusiasmo. Unas l\u00e1grimas de alegr\u00eda resbalaron por sus mejillas. Luego guard\u00f3 silencio hasta que los ofrecieron una copa de cava para acompa\u00f1ar a los camareros-cantantes y resto de comensales, a interpretar el Brindis de La Traviata. Ana cant\u00f3 aferrada a una mano de Pedro.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Al salir del restaurante, se colg\u00f3 de su brazo, le bes\u00f3 en la mejilla y le susurr\u00f3: Es tu fiesta de cumplea\u00f1os y sin embargo el regalo lo he recibido yo. Gracias. Caminaron hasta casa de Ana, despacio, respirando el frescor de la noche de Madrid que unido al perfume de ella, se transform\u00f3 en algo que Pedro jam\u00e1s olvidar\u00eda. A partir de ese d\u00eda, cuando se desped\u00eda de ella, inspiraba con fuerza el perfume de su piel sin que lo advirtiera, deseaba mantenerlo y recurrir a \u00e9l cuando se sintiera solo, sin su compa\u00f1\u00eda.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>En otra ocasi\u00f3n viajaron hasta San Lorenzo de El Escorial, la poblaci\u00f3n donde se yergue al pie de la sierra, el famoso monasterio. Caminaron por sus calles, despacio, con las manos enlazadas. Ella comenzaba a flojear y de cuando en cuando deb\u00edan sentarse a descansar. Entraron en la bas\u00edlica del monasterio para recorrerla tur\u00edsticamente. En ese preciso instante unas voces angelicales, un coro de ni\u00f1os, comenz\u00f3 a interpretar diferentes obras cl\u00e1sicas. Ana solt\u00f3 su brazo y tom\u00f3 la mano de Pedro con fuerza para besarla. Luego pregunt\u00f3 si aquello tan maravilloso era producto de una preparaci\u00f3n o conocimiento previo, a lo que \u00e9l contest\u00f3 negativamente, a\u00f1adiendo que, tal vez imaginaron que ella necesitaba algo semejante y la escolan\u00eda decidi\u00f3 cantar para Ana. Se rio y siguieron escuchando. Minutos antes de salir, el majestuoso \u00f3rgano comenz\u00f3 a dejar escapar sus notas barrocas, y reacios a que se disipara el momento, continuaron sujetos por la mano, embelesados, escuchando hasta que acab\u00f3 el repertorio.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ana caminaba agarrada de su brazo, con tanta felicidad que apenas noto el cansancio de sus piernas. Almorzaron y regresaron a Madrid sin advertir que el tiempo de su siesta, obligada y forzada por su deterioro f\u00edsico, hab\u00eda pasado sin sentir. Cuando se despidieron ella dijo, He pasado el d\u00eda m\u00e1s maravilloso desde hace muchos a\u00f1os. El bes\u00f3 su mejilla, como siempre hacia al despedirse, prometi\u00e9ndola m\u00e1s d\u00edas similares en otros lugares. Aquella noche el insomnio padecido por Ana no se present\u00f3 y durmi\u00f3 como cuando era ni\u00f1a.<\/em><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Pedro lleg\u00f3 tarde, demasiado tarde. Su aparici\u00f3n en la vida de Ana pudo ser beneficiosa, incluso sufri\u00f3 las consecuencias, aunque no le import\u00f3, solo pensaba en ella. Por entonces la capacidad de elecci\u00f3n de Ana estaba tan mediatizada por el c\u00famulo de desgracias sufridas con anterioridad, que tal vez la alejaron sin llegar a plantearse un tiempo futuro al lado de \u00e9l. En una ocasi\u00f3n le dijo: Creo que voy a rendirme.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<em>Al escucharla, intent\u00f3 hacerla cambiar de idea, pero no lo consigui\u00f3. Cuando se enter\u00f3 de su \u00f3bito, llor\u00f3 en silencio. No lleg\u00f3 a verla, nadie sab\u00eda de su existencia, de su relaci\u00f3n. Solo ella, nadie m\u00e1s que ella, tampoco necesitaba m\u00e1s. A partir de ese momento su soledad comenz\u00f3 a parecerse a un abismo en el que tem\u00eda precipitarse de un momento a otro. \u00danicamente pudo enviar una frase al \u00e9ter en busca de Ana: Elegiste estar ausente a partir de ese d\u00eda dej\u00e1ndome hu\u00e9rfano con el coraz\u00f3n dolorido.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Nada le ayud\u00f3 a superar aquella situaci\u00f3n. Estuvieron muy poco tiempo juntos. Pens\u00f3 que la felicidad siempre parece pasajera, tanto si dura una semana como si son cuatro a\u00f1os, se llora igual cuando llega el \u00faltimo d\u00eda y se vender\u00eda el alma por obtener el derecho a otro d\u00eda m\u00e1s con la persona amada.\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Pedro se refugi\u00f3 en lo que le quedaba, su solitaria vida. Y ello fue as\u00ed, porque la tristeza no huye ni se escapa nunca, le seguir\u00e1 donde quiera que vaya, su dolor es personal e intransferible, nadie puede absorberlo ni eliminarlo por mucho esfuerzo que hagan para mitigar su pena.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Cuanto precede lo escuch\u00e9 de Pedro a quien conoc\u00ed hace tiempo. Puedo asegurar que algunas situaciones se han omitido en el relato por la crueldad y el dolor que sinti\u00f3, antes de autorizarme a escribirlo. No llegu\u00e9 a conocer personalmente a Ana, tan solo pude ver la belleza y alegr\u00eda que reflejaba en una fotograf\u00eda que Pedro lleva consigo siempre.<\/em><\/p>\n<p>Los nombres que aparecen en el relato no son los aut\u00e9nticos.<\/p>\n<p><strong><em>In memorian<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Quod scripsi, scripsi. <\/em><em>(Lo escrito, escrito est\u00e1)<\/em><\/p>\n<p><strong><em>An\u00f3nimo.<\/em><\/strong><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Lucunda memoria est praeteritorum malo rum <\/em><em>(Alegre es el recuerdo de los males del pasado)<\/em><\/p>\n<p><strong>Marco Tulio Cicer\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-family: impact, sans-serif;\">\u00a9 V\u00edctor Herv\u00e1s. Noviembre 2022. Todos los derechos reservados.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CREO QUE VOY A RENDIRME. Una historia real sobre la crueldad de un hombre Relatar\u00e9 un encuentro. Lo reflejar\u00e9 en los p\u00e1rrafos que siguen. 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